domingo, 17 de agosto de 2008

Alquimistas en la Corte de Rodolfo II


de Slavica Kroca



«Uno de los Soberanos que mayor protección han dispensado a la Alquimia y a los sabios a ella consagrados fue Rodolfo II de Alemania, que subió al trono en 1576. Educado en España en la corte de Felipe II, adquirió en este país afición a la Astrología y a la Alquimia. Cansado pronto de las arduas tareas del gobierno del Imperio, lo confió al cuidado de sus ministros, y se encerró en el castillo de Praga para entregarse libre y exclusivamente hasta el fin de su vida a sus estudios favoritos. Las primeras lecciones de Alquimia las recibió de sus médicos ordinarios, Thadeaus de Hayec, y más tarde Miguel Mayer y Martín Ruland. Todos los alquimistas, cualesquiera que fuesen su país y condición, tenían la seguridad de ser bien acogidos en la corte del Emperador, que los recompensaba con largueza cuando en presencia suya ejecutaban un experimento digno de interés. Los alquimistas, por su parte, no se mostraban ingratos; dieron a su regio protector el título de Hermes de Alemania, y en todas partes ensalzaron sus méritos. Rodolfo, según sus biógrafos, figuraba en el número de los afortunados poseedores de la piedra filosofal, lo que se comprobó cuando, después de su muerte, se encontraron en su laboratorio ochenta y cuatro quintales de oro y sesenta de plata fundidos en pequeñas masas en forma de ladrillos».

(Helena P. Blavatsky. Glosario Teosófico)


Esta es la descripción de Rodolfo II propuesta por Blavatsky en su Glosario. La figura a la que se atribuye la posesión de la "piedra filosofal" fue considerada muchas veces, siempre en sentido exotérico, un personaje extravagante, propenso a dejarse estafar por cualquier impostor alquimista. No sorprende, sabiéndose que hoy tampoco se toma en serio la Alquimia y que más bien se la tacha con el epíteto de "hija del error". Independientemente de lo señalado, la época de Rodolfo II fue denominada en Bohemia "Edad de Oro". Hoy día se sigue hablando de Praga como "dorada ciudad", aunque los habitantes no lleguen a coincidir respecto del origen de este atributo. Unos opinan que Praga es esa "ciudad dorada" por sus muchas torrecillas doradas, que son más de 350. Otros, una minoría, creen que el adjetivo se refiere a la vertiente espiritual de la vida praguense y, muy particularmente, a las actividades alquímicas otrora desarrolladas en la ciudad. Sea como fuere, desde aquella época, en Praga quedan calles denominadas según los cuatro metales fundamentales: la del Oro (Zlatá), la de la Plata (Stríbrná) y la del Hierro (Zelézná). La del Bronce ha desaparecido, pero es lícito conjeturar la existencia de una calle de ese nombre. Hay dos calles del Oro: la primera está en la Ciudad Nueva, en la proximidad de las calles de la Plata y del Hierro. La segunda se encuentra en el castillo y la forman diminutas casitas con enormes chimeneas, suponiéndose que en ellas moraban los alquimistas al servicio de Rodolfo II. La Alquimia se conocía y practicaba en Bohemia a partir del siglo XIV. Fue protector suyo el Emperador Carlos IV y, posteriormente, los praguenses arzobispos Conrado de Vechta, Albík de Unicov y, en las ciudades de Melník y Hradec Králové, llegó a practicarla Bárbara, la esposa del Emperador Segismundo. Pero la "Edad de Oro" de Bohemia no llegaría hasta la época de Rodolfo II, "pues con Rodolfo II hizo su aparición un nuevo Hermes Trimegistos, quien como una roca magnética atraía a sí a los Maestros y Adeptos de la misteriosa Ciencia...". (Josef Svátek, Obrazy z kulturních dejin ceskych II. Praga, 1891). A finales del siglo XV había en Bohemia varios laboratorios herméticos, uno de los cuales, el del Príncipe Hynek de Minterberg, se ha preservado hasta nuestros días en la ciudad de Kutná Hora. Rodolfo II llegó a conocer la Alquimia en el curso de aquellos ocho años que pasó en España. Recibió las primeras lecciones de los alquimistas españoles, quienes le facilitaron el conocimiento de "la secreta arte egipcíaca", y prosiguió en sus estudios después de su regreso a Viena. Cuando ascendió al trono en 1564, hallamos en la primera lista de cortesanos a varios "destillatores", nombre dado a los alquimistas en la Corte imperial.

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1 comentarios:

A las 20 de agosto de 2008, 20:50 , Blogger Unknown ha dicho...

Tengo entendido que Rodolfo II hacia de mecenas de todos los astrologos y alquimistas de su tiempo, y les daba asilo en praga.Con el fin de llegar a la verdad en su busqueda de la piedra filosofal.

 

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